El Guernica según Santiago Sebastian IV. Analisis iconografico. Introducción




El análisis iconográfico trata la descripción y clasificación de imágenes para formar “motivos” o historias y alegorías; el principio controlador de la investigación lo suministra la historia de los “tipos” o expresión de los temas con los cambios que sugiere la evolución histórica.

Uno de los fenómenos que dinamizó el cambio de los tipos fue la presencia del surrealismo, que gustó de las metamorfosis y las transformaciones hasta dificultar leer con los métodos de la iconografía tradicional.

Para realizar la lectura iconográfica hay que conocer la fuente literaria, ideológica o narrativa del hecho, que en este caso valdrá de poco si partimos del cuadro. Picasso aceptó en enero de 1937 una invitación del Gobierno Republicano para pintar un mural con destino al Pabellón Español de la Exposición Internacional de Paris de ese mismo año. No suponía un tema forzado y nada se sabe de las intenciones originales del pintor; en unos meses se puso a trabajar a raíz del bombardeo de la villa de Guernica por la aviación alemana (26 de abril); el acto bélico no le dio el tema, sino el elemento catalizador. Los 45 bocetos que realizo como estudio preliminar se realizaron en el mes de mayo y la obra estuvo terminada antes de finales de junio. A mediados del mes siguiente estaba colocada en el Pabellón Español.

Las figuras e imágenes no reflejan en absoluto los informes de los periódicos o de la radio. Picasso actuó con gran libertad al llevar a cabo una obra universal y no circunstancial sobre una contingencia histórica o partidista. Según Arnheim, falta el antagonismo dualista de los bandos contrarios y la pintura carece del manifiesto político con el que se la ha querido manipular y el enemigo esta ausente.


Según O’Brian ”Guernica no fue pintado en el gran lienzo al impulso de la emoción de un día, sino que fue el resultado de semanas de sostenida tensión y, al igual que muchas de sus grandes obras, fue precedido por docenas de estudios preliminares que sirvieron para centrar toda su emoción, toda su capacidad de pensamiento original, toda su vasta experiencia. Este cuadro seria su condena del mal, y, si quería conseguir su finalidad, debía emplear bien sus armas. No cabía la posibilidad de la apresurada improvisación”.

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